viernes, 18 de abril de 2008

"Calle"

Así, entre comillas. También cancha, práctica, experiencia, astucia, viveza. Si bien no todas esas palabras describen exactamente lo mismo, podemos decir que quien tiene calle tiene mucho de estas características. Digamos, aunque no todos tienen calle, todos saben lo que es o al menos calificar a alguien de poseer esta cualidad.

Cual una disciplina, para adquirirla es condición necesaria pero no absolutamente suficiente tener experiencia. No se estudia pero se aprende, y está muy ligada a cómo nos vamos desenvolviendo en experiencias muchas veces impredecibles y de carácter aparentemente azaroso durante el transcurso de nuestras vidas. Está intrínsecamente ligada a la vinculación del sujeto con la sociedad y tiene un fuerte carácter individual que permite a aquél desenvolverse con astucia ante cada situación -nueva o similar repetida- que se le presenta. Podría decirse que es un aspecto especial de la sabiduría, por el hecho mismo de que está ligada a la experiencia. En otras palabras, es común escuchar que quien tiene calle, "sabe" o "la tiene clara".

Así como en otras cualidades, su uso es muy delicado. Parecería por las observaciones anteriores que una persona con calle es alguien admirado por la sociedad. Lamentablemente, en la mayoría de los casos esta persona "inspira" recelo y cautela en quienes se relacionan con ella, por ser habitualmente un sujeto que en numerosas situaciones saca ventaja de las situaciones en detrimento de los demás, por ser éstos menos experimentados que el primero.

Existe un pensamiento común -en mi opinión erróneo- de que en una sociedad donde abundan estos, digamos, peligrosos sujetos, la única forma de "sobrevivirlos" es ser como ellos. Dicho en palabras más vulgares, "si no sos ventajero -o HDP- como ellos, te pasan por arriba". A los que defienden esta extendida idea les respondo con una pregunta: ¿La mejor forma de prevenir el contagio de una enfermedad es contraerla antes, es decir, me enfermo para ser inmune a otros enfermos? En tal caso, la mayoría calificaría esto de un acto insensato, sabiendo de la existencia de vacunas.

¡Eso! Vacunas. Según la Real Academia Española:


vacuna:
Virus o principio orgánico que convenientemente preparado se inocula a una persona o a un animal para preservarlos de una enfermedad determinada.

O sea, que para preservarnos o inmunizarnos de caer en estas situaciones, debemos estar convenientemente preparados. O sea, que debemos encontrar la forma de ser astutos o sagaces sin padecer la enfermedad del pensamiento vengativo, ventajero, desconfiado, egoísta, etc., que no hacen otra cosa que convertirnos de víctimas en victimarios.

Esta asociación común que la sociedad hace de alguien que posee calle con alguien poseedor de las cualidades negativas anteriormente mencionadas, si bien justificada, no debería generalizarse. Se puede tener calle y ser bueno. No dejarse engañar o engatusar no es no ser bueno, sino ser inteligente o astuto. Ponerle trabas a nuestra bondad para tornarnos impenetrables ante los "peligros" de la sociedad es cargar todos los días con la incómoda armadura de la impersonalización de uno mismo.

Tener calle entonces, puede convertirse en una gran cualidad si sólo tomamos lo bueno que ello conlleva: experiencia, cautela, prudencia, astucia, desenvolvimiento... muy atentos a no contraer las implicancias a las que por nuestra naturaleza débil solemos sucumbir: desconfianza constante, dureza de corazón, miedo constante a la traición hasta de los más íntimos, sacar ventaja de la ignorancia de los demás, exceso de superficialidad, etc.

Finalmente concluyo insistiendo con una idea anterior: la forma más efectiva y real que uno tiene para hacerse respetar es respetándose primero a uno mismo. El verdadero respeto no se impone, se gana.

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