miércoles, 27 de febrero de 2008

Nuestra sociedad

Según muchos sociólogos, como Anthony Giddens, el hombre es completamente un "resultado" de la sociedad, en otras palabras, que ningún comportamiento en él es, sino que todo se hace. Es más, afirma que, literalmente, el "sentido común" como la mayoría lo conocemos no existe, sino que en algún momento y de alguna forma lo adquirimos de la sociedad. Una sociedad totalmente institucionalizada (gobiernos, colegios, iglesias, empresas, familias, grupos de amigos, etc.) en la que todo lo que le sucede al hombre es en última instancia producto de la sociedad en la que se encuentra inmerso, aún cuando intervienen originalmente factores externos (como el clima o la geografía) o lo que se denomina "decisión personal". Y lo justifica bastante bien. Bajo mi punto de vista, es muy interesante y profunda su visión, pero un tanto "titeresca" de la sociedad. ¿Que no somos títeres de la sociedad? Vaya que sí lo somos, pero no al extremo que él expone. Es decir, pienso que, por ejemplo, genéticamente heredamos de nacimiento mucho de nuestros padres, y no hablo de las capacidades, sino de lo actitudinal. Ni qué hablar -para el que cree- del "terreno espiritual".

De todas formas respondemos a, de, en y por esta sociedad, aún si no estamos a favor de ella o parte de la misma. Como "institucionalizado" llamo a todo aquello que de cualquier manera esté establecido, con algún nivel apreciable de organización, en un grupo social que puede ir de pequeño a total, en el que coexisten ciertas reglas explícitas y/o implícitas que lo caracterizan, aún si uno o varios individuos del mismo no adhieren a algunas de ellas o no las respetan.

Por "sistema" cotidianamente denominamos y con un tinte de subjetividad al funcionamiento de la sociedad actual, en el cual somos parte, supuestamente funcionando para él -si adherimos- o siendo arrastrados por él -si no adherimos o no podemos hacerlo-. Como sea, no podemos desentendernos, actuando con absoluta independencia, o mucho menos negando su existencia. Por ejemplo, el ignorar que un acto sea un crimen no nos exonera de ir a prisión por cometerlo. Por lo que a grandes rasgos parece resultar más sencillo vivir adaptado a este sistema que no lográndolo o bien no queriendo aceptar ser como él nos "dicta", cosa que cotidianamente se conoce como "luchar contra la corriente".

Pero afortunadamente este sistema no es una sociedad de robots, en la que todos son y actúan de igual forma. Más bien podría decirse que el sistema es también la conjunción de las disimilitudes de las personas que en él encontramos. Aquí es donde encontramos en la persona un individuo propiamente dicho. Un individuo que, por el motivo que sea, puede, de pensamiento y/o acción, estar o no de acuerdo con otros sujetos del sistema o, en casos más extremos, con todo el sistema. En caso de no comulgar entre personas existen numerosas decisiones que pueden tomarse de forma individual o colectiva, que van de lo discreto a lo radical, desde lo más ínfimo hasta lo más grande, pasando por la feroz lucha hasta la misma inacción. Y en cuanto a los resultados, éstos varían desde un gran cambio buscado a ningún resultado aparente, logrando incluso el efecto contrario al buscado.

Por todo esto veo sumamente importante entender en gran medida a nuestra sociedad (la/s que le/s corresponda/n a cada uno), para ver qué quiere y necesita ella de nosotros, qué queremos y necesitamos nosotros de ella y sobre todo cómo actuar en respuesta a ambos requerimientos.

jueves, 21 de febrero de 2008

A journey

Cierta vez me preguntaron si me gustaba viajar, y respondí que no sabía si existía algo que me gustara más que eso. Una experiencia que independientemente del destino considero un lujo, ha fomentado y alimentado mi pasión por conocer y descubrir, en experiencias irrepetibles que hoy veo, me definen en gran medida cómo soy. ¿Será tal vez por eso que desde hace varios años no ceso de sentir una profunda necesidad por viajar? Espero que este sueño se concrete pronto... Encontré esto que me resultó interesante:


A JOURNEY (
Where will life take you?)
(Spot publicitario Louis Vuitton)

What is a journey?
A journey is not a trip.
It's not a vacation.
It's a process.
A discovery.
It's a process of self-discovery.
A journey brings us face to face with ourselves.
A journey shows us not only the world
but how we fit in it.
Does the person create the journey
or does the journey create the person?
The journey is life itself.
Where will life take you?



miércoles, 20 de febrero de 2008

Sabiduría y prudencia

"Sólo sé que no sé nada". Irónicamente, considero que había que tener una gran sabiduría para que alguien -en este caso, Sócrates- llegara a tal afirmación. Y como ésa, la vida está llena de ironías, tales como que cuanto más profundiza uno en algo, más profundo encuentra que es.

La sabiduría para mí tiene un carácter un tanto más positivo que la inteligencia. Y como lo dije para con ésta, también diré que aquélla necesita de "aliados" para ser mejor, y si se quiere, más perfecta. A tal punto vieron esto los ingleses, que con una sola palabra, "wise", designaron como sinónimos "sabio" y "prudente". ¿O tal vez esa palabra significaba ambas cosas? Puede que, considerando que no siempre fuera posible ser ambas cosas, designaron que "saber" (knowledge) y "prudencia" (prudence) tuvieran sus respectivas y bien diferenciadas acepciones. Aquí veo yo una puerta al conocimiento que en la lingüística han dejado entreabierta, lo que para mí es un planteo radical: se puede ser sabio, pero no prudente, y viceversa. Y como -aún- no soy muy prudente, pero busco ser sabio, la atravesaré. ¿Otra ironía, quizás?

Tal como le sucedió ("sucedió"... como si fuera víctima de ello) a San Agustín, grande ha sido mi afán por adquirir sabiduría por las cosas. Y no como un fin en sí, sino como un medio. Un medio que siempre me ha brindado placer. Continuando con las ironías, fue en un videojuego de mi adolescencia (el archifamoso "Mortal Kombat") en el que su eslogan rezaba "There is no knowledge that is not power" (No existe conocimiento que no sea poder), dicho que me quedó grabado a fuego. Ahora veo que, quisiera o no, al adquirir conocimientos -léase también, sabiduría-, adquiría poder. ¿Qué poder? Pensándolo un poco diría que muchos poderes. Mas el que escribió esto seguramente habrase referido a un poder o tipo de poder común a todo aquél que adquiriese algún tipo de conocimiento. ¿Cuál es aquel poder, pues?

Quise resistir, pero tuve que desistir, y esta vez accedí a recorrer diccionarios y enciclopedias (fuentes de conocimiento) y no hubo definición ni descripción que satisficiera de forma completa o concreta aquello que en mi interior me motiva a creer que ese dicho es cierto. Encontré nuevamente algo paradójico: no tengo aún la sabiduría para comprender ese poder, aunque tengo ese poder que -acepto- me brinda inevitablemente la sabiduría. Entonces, en mi irónico afán de abarcar lo infinito -placer con el que la matemática nos permite soñar- comprendí que era mejor interpretar este poder de manera subjetiva.

Entendido como cualquier forma de dominación, el poder no era más que un medio para alcanzarla o incluso una consecuencia de la misma. Este enfoque social y a veces psicológico no hablaba con exactitud del poder que sentía. Más amigable me resultaba el concepto de habilidad. Pero ¿habilidad de qué? De manera sencilla, podríamos entender mejor el mencionado dicho si aceptamos que todo conocimiento tiene algún grado de utilidad. Continuando con un poco de lingüística, vemos que "útil" significa "que sirve". Finalmente, concluyo entonces que veo a este poder como la "habilidad que tenemos de hacer algo que sirve".

Pero cuidado. Puede ser útil o servir para mí, para algunos o para todos. Puede servir para el bien o para el mal. Y librado al juicio, para hacer lo correcto y lo incorrecto. He aquí otra paradoja: si la sabiduría nos lleva a un poder que no es bien empleado, esta "sabiduría" ¿podría considerarse como tal? Ciertamente, Jesús muestra en el NT a "los sabios" como aquellos que por su sabiduría -irónicamente- no iban a comprender la Palabra de Dios. El término inglés cobra fuerza aquí: no todo el que tiene "knowledge" posee "wisdom". En la Biblia este último término es asociado como algo celestial, escribiéndose Sabiduría así, con mayúscula. Por mi amor a lo bueno (aunque muchas veces no sea "con" lo bueno y "en" lo bueno) busco esta Sabiduría, compañera de un poder que la justifica como tal si participa también la prudencia.

Está en la sabiduría de uno -y ¿por qué no? de los demás- saber distinguir con un cierto grado, digamos aceptable, de certeza, si lo que uno hace (o no) con ese poder puede considerarse correcto o no. Sin embargo, considero indiscutible lo que le decía el tío Ben a Peter Parker: "With great power comes great responsibility" (está bien... es de Stan Lee). El poder nos convierte obligadamente y de alguna forma en administradores del mismo.

Una vez más (como en el post de la inteligencia), la intencionalidad puede considerarse presente o ausente a la hora de materializar en acciones ese poder al que nos lleva el conocimiento, siendo el segundo caso muchas veces
-mas no sólo- consecuencia de la imprudencia.

No tenemos que confundir prudencia con mesura. Creo yo que la mesura es limitarse en el hacer, mientras que la prudencia se limita en el cómo hacer.

Como siempre irónicos, los Beatles invitaban a jugar a la prudencia en "Dear Prudence" -"...won't you come out to play?". Está bien, estaba dedicado a Prudence Farrow (la hermana de Mia), pero viniendo de ellos, dudo que no lo hayan hecho a propósito. De cualquier manera, siento una invitación similar, tal vez para descubrir y emplear afuera esa prudencia, para saber qué es lo que hago, sabiendo cómo hacerlo.

Este post fue sólo un paréntesis para hablar de qué hago con mi inteligencia. Confío en la infinita misericordia de Dios que me da una y otra vez la oportunidad de emplear bien ese poder.

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 33-34)

miércoles, 13 de febrero de 2008

La mentalidad argentina

Este tema difiere de los anteriores en que hace una mirada social, en particular sobre la forma de pensar que tenemos los argentinos, vinculado con la política de los gobiernos, aprovechando que estamos en un período de, como dicen los medios, "recambio de autoridades".

Si bien coincido con muchos en dar su apoyo a, por ejemplo, el gobernador de turno, creo yo que tenemos una visión muy "politizada" de nuestro país. A lo que voy es que parecería ser que depositamos toda o casi toda la responsabilidad del futuro de nuestro país, provincia o ciudad en las acciones o políticas que decidan quienes nos gobiernan. Si bien son eso, las políticas, lo que deciden el futuro de cada país del mundo, es la mentalidad la que en última instancia ha llevado efectivamente al mismo al éxito o al fracaso en la mayoría de los casos. Más aún, coincido en alto grado con aquel proverbio cada francés que afirmaba que "cada pueblo tiene el gobierno que se merece", o por lo menos respecto a nuestro pueblo. Personalmente, me irrita el sólo escuchar hablar a los K, y muchos dirán que no los votaron. Pero lo cierto es que esta gente "sale" de nuestra sociedad, que es la que, en mi opinión, está enferma. He aquí algunas razones con las que pretendo justificar este pensamiento:
  • Uno de los mayores problemas es nuestro egoísmo. Podremos dar cientos de ejemplos de solidaridad, pero la falta de mentalidad social, que rara vez encuentra o ni siquiera busca el consenso, es consecuencia de aquello. Además, no sentimos que un tema nos concierna a menos que estemos directamente afectados.
  • Somos bastante hipócritas, pues deseamos políticas que nos convienen pero evitamos aplicar las que deberíamos y nos perjudican.
  • Tenemos la costumbre de consolarnos o justificarnos con que tenemos cosas buenas -si bien es cierto- para no reconocer nuestros problemas como sociedad o país. Siempre hay algún ejemplo -dentro de la excepción- para intentar anular o negar alguna regla que es evidente.
  • Tenemos una mentalidad a corto plazo: cuando las cosas van bien, "disfrutemos, saquémosle el jugo mientras dure", cuando van mal insultamos y nos la "agarramos" con el otro (generalmente algún político de turno), sin ver qué es lo que podemos sacar de bueno de ello, esperando a que vengan mejores tiempos.
  • No somos previsores, basta con mirar en la calle cuántos usan el cinturón de seguridad o casco, o qué pocas empresas o municipios invierten (en serio, no por alcanzar certificaciones o estándares) en seguridad o RRHH.
  • Muchos de nosotros somos vagos o poco responsables con el trabajo. Si no estamos siendo supervisados, pocos ponemos esfuerzo en dar lo mejor de sí para el trabajo que nos toca.
  • Preferimos el comentario destructivo al constructivo, arrogándonos ser de pronto políticos, DTs de fútbol, empresarios, sacerdotes, etc., y que si estuviéramos en su lugar haríamos las cosas mejor.
  • Somos sumamente desconfiados, pero creo yo que también tiene que ver por cómo es uno, no sólo por cómo es el otro.
  • Todos hablamos de que hay que promover la educación, pero pocos nos confraternizamos con los docentes o la realidad de la educación y muchos padres se enojan con las escuelas cuando sus hijos no tienen las calificaciones o comportamiento que esperan que les digan que tienen.
  • Parecería muchas veces que estamos "contra el mundo" en vez de "con el mundo", viendo al otro como "el que me estorba" y en muchos casos, como un potencial enemigo.
  • Somos fáciles de engatusar, pues preferimos que nos digan lo que queremos escuchar a lo que tenemos que hacer. En gran medida es así porque muchos pensamos que todo debería ser "fácil, rápido y sin dolor", tal vez muy esclavos de la denominada "cultura del facilismo".
  • Por dinero, la mayoría somos capaces de casi cualquier cosa, eso incluye pisotear al otro o renunciar a lo que llamábamos "nuestros principios".
  • Decimos que odiamos a los estadounidenses, pero copiamos lo malo que ellos tienen y podemos imitar y soñamos con ir a vivir allá.
  • Creemos tener critero, y lo cierto es que la gran mayoría decimos lo mismo desde hace decenas de años y somos rehenes de los medios. Al punto que muchos ponen su palabra por encima de la de Dios.
  • Somos agresivos: ante un discenso no buscamos poner ideas en común, sino manifestar qué tonto o ignorante es o qué tan equivocado está el otro.
  • La mayoría confesamos odiar a los militares y al gobierno de la dictadura, pero decimos "a ésos habría que matarlos a todos".
  • Todos protestamos por muchas cosas de las que, por resignación, nos hacemos esclavos. Estamos tan acostumbrados a que nos caguen que caemos en el acostumbramiento y a ser condescendientes con un sistema así. Por ejemplo, el aumento de precios: en otros países el pueblo hace boicot a un determinado producto, obligando a todo el sistema a reducir los aumentos.
  • Y encima, somos cómodos, alegando "¿qué puedo hacer yo contra todo esto?".
Todo esto no niega la corrupción, la obsolescencia, la ineficiencia y todas aquellas características que abundan en cada gobierno argentino, en mayor o menor medida. Pero creo yo que, en un país rico -así me enseñaron que era- como el nuestro, no son sólo las políticas de estado, sino la mentalidad de la gente, son las que le pueden dar nuevos rumbos y salir de este estancamiento en el que estamos (hablo de los últimos 100 años o más, no nos engañemos). La responsabilidad como ciudadano no termina con el voto, sino que es parte integral de una política en la que debemos ser protagonistas y no meros espectadores.

Como reflexión final, dejo las estrofas del himno nacional argentino. En él, en un principio y en su versión original los ideales hablaban de una libertad como "romper las cadenas" de la opresión de los españoles. Hoy, creo que la libertad es más propia de una opresión por la cual nosotros mismos, por nuestra mentalidad, hemos sido encadenados. Por ello, como pueblo, pienso que deberíamos entonar con el corazón nuestro himno corto pero de un contenido impactante para empezar a hacer de ésta una Argentina verdaderamente libre:


HIMNO NACIONAL ARGENTINO

Oíd, mortales, el grito sagrado:

"¡libertad, libertad, libertad!"

Oíd el ruido de rotas cadenas,

ved en trono a la noble igualdad.


Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud
y los libres del mundo responden:
"Al gran pueblo argentino, ¡salud!
Al gran pueblo argentino, ¡salud!".

Y los libres del mundo responden:

"Al gran pueblo argentino, ¡salud!"
.

Sean eternos los laureles

que supimos conseguir,

que supimos conseguir.
Coronados de gloria vivamos...

¡o juremos con gloria morir!,

¡o juremos con gloria morir!,

¡o juremos con gloria morir!

La inteligencia

inteligencia
1. f. Facultad de conocer, analizar y comprender.
2. Habilidad, destreza y experiencia.

Como es un tema profundo por el que además siento pasión y ha sido objeto de interminables horas de introspección y estudio personal, quería en este caso hacer sólo una reducción del mismo. Y no con ello digo que éste sea el único caso que merezca este tipo de estudio, pues ¿de qué tema ya está todo dicho?. O ¿qué tema no es digno de someterse al propio punto de vista o de reevaluarse, aunque se llegare incluso a la misma conclusión que del mismo otros y hasta uno mismo han arribado antes?

Así pues, en este análisis, busco limitarme a plantear la utilidad, es decir, al buen uso de la inteligencia. Dejando para otro momento el análisis de si acaso existe algo intrínsecamente bueno, el contexto de la ingeligencia hace que su análisis extrínseco sea inevitable, y con ello imposibilitando considerarla como algo absolutamente bueno. Básicamente, por dos razones, en qué la empleamos y cómo:
  • La inteligencia, como el conocimiento, es poder. Y el mismo puede usarse tanto para el bien como para el mal. Como alternativa, consideremos también que puede no usarse.
  • La inteligencia respecto a las acciones o materializaciones de la misma (tanto receptivas como emisoras) puede verse limitada o potenciada por todo aquello (inherente a uno mismo o no) que la rodea. Por ejemplo, puede verse limitada por la soberbia y potenciada por la prudencia o el debate.
Un punto a destacar es que aquí no se plantea la intencionalidad como única causa que provoca su uso. Es decir, si definimos acto inteligente a aquél que implica el uso de la inteligencia y además es considerado como bueno, cabe la posibilidad -si acaso no es la regla- de cometer actos no inteligentes de manera accidental o en algún grado inconsciente. Esto, por mí considerado una falencia, llama a pensar en la necesidad de otros factores para el buen uso de la inteligencia, más aún, para que -como define el diccionario- la misma sea considerada como tal.

En resumen, este post sólo busca hacer un planteo sobre la necesidad de revisión que reviste este complejo tema. Más adelante haré un ensayo consecuente, con la finalidad de arribar a posibles conclusiones (personales y tal vez generales) que muestren un enfoque libre del uso de la inteligencia.