"Sólo sé que no sé nada". Irónicamente, considero que había que tener una gran sabiduría para que alguien -en este caso, Sócrates- llegara a tal afirmación. Y como ésa, la vida está llena de ironías, tales como que cuanto más profundiza uno en algo, más profundo encuentra que es.
La sabiduría para mí tiene un carácter un tanto más positivo que la inteligencia. Y como lo dije para con ésta, también diré que aquélla necesita de "aliados" para ser mejor, y si se quiere, más perfecta. A tal punto vieron esto los ingleses, que con una sola palabra, "wise", designaron como sinónimos "sabio" y "prudente". ¿O tal vez esa palabra significaba ambas cosas? Puede que, considerando que no siempre fuera posible ser ambas cosas, designaron que "saber" (knowledge) y "prudencia" (prudence) tuvieran sus respectivas y bien diferenciadas acepciones. Aquí veo yo una puerta al conocimiento que en la lingüística han dejado entreabierta, lo que para mí es un planteo radical: se puede ser sabio, pero no prudente, y viceversa. Y como -aún- no soy muy prudente, pero busco ser sabio, la atravesaré. ¿Otra ironía, quizás?
Tal como le sucedió ("sucedió"... como si fuera víctima de ello) a San Agustín, grande ha sido mi afán por adquirir sabiduría por las cosas. Y no como un fin en sí, sino como un medio. Un medio que siempre me ha brindado placer. Continuando con las ironías, fue en un videojuego de mi adolescencia (el archifamoso "Mortal Kombat") en el que su eslogan rezaba "There is no knowledge that is not power" (No existe conocimiento que no sea poder), dicho que me quedó grabado a fuego. Ahora veo que, quisiera o no, al adquirir conocimientos -léase también, sabiduría-, adquiría poder. ¿Qué poder? Pensándolo un poco diría que muchos poderes. Mas el que escribió esto seguramente habrase referido a un poder o tipo de poder común a todo aquél que adquiriese algún tipo de conocimiento. ¿Cuál es aquel poder, pues?
Quise resistir, pero tuve que desistir, y esta vez accedí a recorrer diccionarios y enciclopedias (fuentes de conocimiento) y no hubo definición ni descripción que satisficiera de forma completa o concreta aquello que en mi interior me motiva a creer que ese dicho es cierto. Encontré nuevamente algo paradójico: no tengo aún la sabiduría para comprender ese poder, aunque tengo ese poder que -acepto- me brinda inevitablemente la sabiduría. Entonces, en mi irónico afán de abarcar lo infinito -placer con el que la matemática nos permite soñar- comprendí que era mejor interpretar este poder de manera subjetiva.
Entendido como cualquier forma de dominación, el poder no era más que un medio para alcanzarla o incluso una consecuencia de la misma. Este enfoque social y a veces psicológico no hablaba con exactitud del poder que sentía. Más amigable me resultaba el concepto de habilidad. Pero ¿habilidad de qué? De manera sencilla, podríamos entender mejor el mencionado dicho si aceptamos que todo conocimiento tiene algún grado de utilidad. Continuando con un poco de lingüística, vemos que "útil" significa "que sirve". Finalmente, concluyo entonces que veo a este poder como la "habilidad que tenemos de hacer algo que sirve".
Pero cuidado. Puede ser útil o servir para mí, para algunos o para todos. Puede servir para el bien o para el mal. Y librado al juicio, para hacer lo correcto y lo incorrecto. He aquí otra paradoja: si la sabiduría nos lleva a un poder que no es bien empleado, esta "sabiduría" ¿podría considerarse como tal? Ciertamente, Jesús muestra en el NT a "los sabios" como aquellos que por su sabiduría -irónicamente- no iban a comprender la Palabra de Dios. El término inglés cobra fuerza aquí: no todo el que tiene "knowledge" posee "wisdom". En la Biblia este último término es asociado como algo celestial, escribiéndose Sabiduría así, con mayúscula. Por mi amor a lo bueno (aunque muchas veces no sea "con" lo bueno y "en" lo bueno) busco esta Sabiduría, compañera de un poder que la justifica como tal si participa también la prudencia.
Está en la sabiduría de uno -y ¿por qué no? de los demás- saber distinguir con un cierto grado, digamos aceptable, de certeza, si lo que uno hace (o no) con ese poder puede considerarse correcto o no. Sin embargo, considero indiscutible lo que le decía el tío Ben a Peter Parker: "With great power comes great responsibility" (está bien... es de Stan Lee). El poder nos convierte obligadamente y de alguna forma en administradores del mismo.
Una vez más (como en el post de la inteligencia), la intencionalidad puede considerarse presente o ausente a la hora de materializar en acciones ese poder al que nos lleva el conocimiento, siendo el segundo caso muchas veces -mas no sólo- consecuencia de la imprudencia.
No tenemos que confundir prudencia con mesura. Creo yo que la mesura es limitarse en el hacer, mientras que la prudencia se limita en el cómo hacer.
Como siempre irónicos, los Beatles invitaban a jugar a la prudencia en "Dear Prudence" -"...won't you come out to play?". Está bien, estaba dedicado a Prudence Farrow (la hermana de Mia), pero viniendo de ellos, dudo que no lo hayan hecho a propósito. De cualquier manera, siento una invitación similar, tal vez para descubrir y emplear afuera esa prudencia, para saber qué es lo que hago, sabiendo cómo hacerlo.
Este post fue sólo un paréntesis para hablar de qué hago con mi inteligencia. Confío en la infinita misericordia de Dios que me da una y otra vez la oportunidad de emplear bien ese poder.
La sabiduría para mí tiene un carácter un tanto más positivo que la inteligencia. Y como lo dije para con ésta, también diré que aquélla necesita de "aliados" para ser mejor, y si se quiere, más perfecta. A tal punto vieron esto los ingleses, que con una sola palabra, "wise", designaron como sinónimos "sabio" y "prudente". ¿O tal vez esa palabra significaba ambas cosas? Puede que, considerando que no siempre fuera posible ser ambas cosas, designaron que "saber" (knowledge) y "prudencia" (prudence) tuvieran sus respectivas y bien diferenciadas acepciones. Aquí veo yo una puerta al conocimiento que en la lingüística han dejado entreabierta, lo que para mí es un planteo radical: se puede ser sabio, pero no prudente, y viceversa. Y como -aún- no soy muy prudente, pero busco ser sabio, la atravesaré. ¿Otra ironía, quizás?
Tal como le sucedió ("sucedió"... como si fuera víctima de ello) a San Agustín, grande ha sido mi afán por adquirir sabiduría por las cosas. Y no como un fin en sí, sino como un medio. Un medio que siempre me ha brindado placer. Continuando con las ironías, fue en un videojuego de mi adolescencia (el archifamoso "Mortal Kombat") en el que su eslogan rezaba "There is no knowledge that is not power" (No existe conocimiento que no sea poder), dicho que me quedó grabado a fuego. Ahora veo que, quisiera o no, al adquirir conocimientos -léase también, sabiduría-, adquiría poder. ¿Qué poder? Pensándolo un poco diría que muchos poderes. Mas el que escribió esto seguramente habrase referido a un poder o tipo de poder común a todo aquél que adquiriese algún tipo de conocimiento. ¿Cuál es aquel poder, pues?
Quise resistir, pero tuve que desistir, y esta vez accedí a recorrer diccionarios y enciclopedias (fuentes de conocimiento) y no hubo definición ni descripción que satisficiera de forma completa o concreta aquello que en mi interior me motiva a creer que ese dicho es cierto. Encontré nuevamente algo paradójico: no tengo aún la sabiduría para comprender ese poder, aunque tengo ese poder que -acepto- me brinda inevitablemente la sabiduría. Entonces, en mi irónico afán de abarcar lo infinito -placer con el que la matemática nos permite soñar- comprendí que era mejor interpretar este poder de manera subjetiva.
Entendido como cualquier forma de dominación, el poder no era más que un medio para alcanzarla o incluso una consecuencia de la misma. Este enfoque social y a veces psicológico no hablaba con exactitud del poder que sentía. Más amigable me resultaba el concepto de habilidad. Pero ¿habilidad de qué? De manera sencilla, podríamos entender mejor el mencionado dicho si aceptamos que todo conocimiento tiene algún grado de utilidad. Continuando con un poco de lingüística, vemos que "útil" significa "que sirve". Finalmente, concluyo entonces que veo a este poder como la "habilidad que tenemos de hacer algo que sirve".
Pero cuidado. Puede ser útil o servir para mí, para algunos o para todos. Puede servir para el bien o para el mal. Y librado al juicio, para hacer lo correcto y lo incorrecto. He aquí otra paradoja: si la sabiduría nos lleva a un poder que no es bien empleado, esta "sabiduría" ¿podría considerarse como tal? Ciertamente, Jesús muestra en el NT a "los sabios" como aquellos que por su sabiduría -irónicamente- no iban a comprender la Palabra de Dios. El término inglés cobra fuerza aquí: no todo el que tiene "knowledge" posee "wisdom". En la Biblia este último término es asociado como algo celestial, escribiéndose Sabiduría así, con mayúscula. Por mi amor a lo bueno (aunque muchas veces no sea "con" lo bueno y "en" lo bueno) busco esta Sabiduría, compañera de un poder que la justifica como tal si participa también la prudencia.
Está en la sabiduría de uno -y ¿por qué no? de los demás- saber distinguir con un cierto grado, digamos aceptable, de certeza, si lo que uno hace (o no) con ese poder puede considerarse correcto o no. Sin embargo, considero indiscutible lo que le decía el tío Ben a Peter Parker: "With great power comes great responsibility" (está bien... es de Stan Lee). El poder nos convierte obligadamente y de alguna forma en administradores del mismo.
Una vez más (como en el post de la inteligencia), la intencionalidad puede considerarse presente o ausente a la hora de materializar en acciones ese poder al que nos lleva el conocimiento, siendo el segundo caso muchas veces -mas no sólo- consecuencia de la imprudencia.
No tenemos que confundir prudencia con mesura. Creo yo que la mesura es limitarse en el hacer, mientras que la prudencia se limita en el cómo hacer.
Como siempre irónicos, los Beatles invitaban a jugar a la prudencia en "Dear Prudence" -"...won't you come out to play?". Está bien, estaba dedicado a Prudence Farrow (la hermana de Mia), pero viniendo de ellos, dudo que no lo hayan hecho a propósito. De cualquier manera, siento una invitación similar, tal vez para descubrir y emplear afuera esa prudencia, para saber qué es lo que hago, sabiendo cómo hacerlo.
Este post fue sólo un paréntesis para hablar de qué hago con mi inteligencia. Confío en la infinita misericordia de Dios que me da una y otra vez la oportunidad de emplear bien ese poder.
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 33-34)
No hay comentarios:
Publicar un comentario