Según muchos sociólogos, como Anthony Giddens, el hombre es completamente un "resultado" de la sociedad, en otras palabras, que ningún comportamiento en él es, sino que todo se hace. Es más, afirma que, literalmente, el "sentido común" como la mayoría lo conocemos no existe, sino que en algún momento y de alguna forma lo adquirimos de la sociedad. Una sociedad totalmente institucionalizada (gobiernos, colegios, iglesias, empresas, familias, grupos de amigos, etc.) en la que todo lo que le sucede al hombre es en última instancia producto de la sociedad en la que se encuentra inmerso, aún cuando intervienen originalmente factores externos (como el clima o la geografía) o lo que se denomina "decisión personal". Y lo justifica bastante bien. Bajo mi punto de vista, es muy interesante y profunda su visión, pero un tanto "titeresca" de la sociedad. ¿Que no somos títeres de la sociedad? Vaya que sí lo somos, pero no al extremo que él expone. Es decir, pienso que, por ejemplo, genéticamente heredamos de nacimiento mucho de nuestros padres, y no hablo de las capacidades, sino de lo actitudinal. Ni qué hablar -para el que cree- del "terreno espiritual".
De todas formas respondemos a, de, en y por esta sociedad, aún si no estamos a favor de ella o parte de la misma. Como "institucionalizado" llamo a todo aquello que de cualquier manera esté establecido, con algún nivel apreciable de organización, en un grupo social que puede ir de pequeño a total, en el que coexisten ciertas reglas explícitas y/o implícitas que lo caracterizan, aún si uno o varios individuos del mismo no adhieren a algunas de ellas o no las respetan.
Por "sistema" cotidianamente denominamos y con un tinte de subjetividad al funcionamiento de la sociedad actual, en el cual somos parte, supuestamente funcionando para él -si adherimos- o siendo arrastrados por él -si no adherimos o no podemos hacerlo-. Como sea, no podemos desentendernos, actuando con absoluta independencia, o mucho menos negando su existencia. Por ejemplo, el ignorar que un acto sea un crimen no nos exonera de ir a prisión por cometerlo. Por lo que a grandes rasgos parece resultar más sencillo vivir adaptado a este sistema que no lográndolo o bien no queriendo aceptar ser como él nos "dicta", cosa que cotidianamente se conoce como "luchar contra la corriente".
Pero afortunadamente este sistema no es una sociedad de robots, en la que todos son y actúan de igual forma. Más bien podría decirse que el sistema es también la conjunción de las disimilitudes de las personas que en él encontramos. Aquí es donde encontramos en la persona un individuo propiamente dicho. Un individuo que, por el motivo que sea, puede, de pensamiento y/o acción, estar o no de acuerdo con otros sujetos del sistema o, en casos más extremos, con todo el sistema. En caso de no comulgar entre personas existen numerosas decisiones que pueden tomarse de forma individual o colectiva, que van de lo discreto a lo radical, desde lo más ínfimo hasta lo más grande, pasando por la feroz lucha hasta la misma inacción. Y en cuanto a los resultados, éstos varían desde un gran cambio buscado a ningún resultado aparente, logrando incluso el efecto contrario al buscado.
Por todo esto veo sumamente importante entender en gran medida a nuestra sociedad (la/s que le/s corresponda/n a cada uno), para ver qué quiere y necesita ella de nosotros, qué queremos y necesitamos nosotros de ella y sobre todo cómo actuar en respuesta a ambos requerimientos.
De todas formas respondemos a, de, en y por esta sociedad, aún si no estamos a favor de ella o parte de la misma. Como "institucionalizado" llamo a todo aquello que de cualquier manera esté establecido, con algún nivel apreciable de organización, en un grupo social que puede ir de pequeño a total, en el que coexisten ciertas reglas explícitas y/o implícitas que lo caracterizan, aún si uno o varios individuos del mismo no adhieren a algunas de ellas o no las respetan.
Por "sistema" cotidianamente denominamos y con un tinte de subjetividad al funcionamiento de la sociedad actual, en el cual somos parte, supuestamente funcionando para él -si adherimos- o siendo arrastrados por él -si no adherimos o no podemos hacerlo-. Como sea, no podemos desentendernos, actuando con absoluta independencia, o mucho menos negando su existencia. Por ejemplo, el ignorar que un acto sea un crimen no nos exonera de ir a prisión por cometerlo. Por lo que a grandes rasgos parece resultar más sencillo vivir adaptado a este sistema que no lográndolo o bien no queriendo aceptar ser como él nos "dicta", cosa que cotidianamente se conoce como "luchar contra la corriente".
Pero afortunadamente este sistema no es una sociedad de robots, en la que todos son y actúan de igual forma. Más bien podría decirse que el sistema es también la conjunción de las disimilitudes de las personas que en él encontramos. Aquí es donde encontramos en la persona un individuo propiamente dicho. Un individuo que, por el motivo que sea, puede, de pensamiento y/o acción, estar o no de acuerdo con otros sujetos del sistema o, en casos más extremos, con todo el sistema. En caso de no comulgar entre personas existen numerosas decisiones que pueden tomarse de forma individual o colectiva, que van de lo discreto a lo radical, desde lo más ínfimo hasta lo más grande, pasando por la feroz lucha hasta la misma inacción. Y en cuanto a los resultados, éstos varían desde un gran cambio buscado a ningún resultado aparente, logrando incluso el efecto contrario al buscado.
Por todo esto veo sumamente importante entender en gran medida a nuestra sociedad (la/s que le/s corresponda/n a cada uno), para ver qué quiere y necesita ella de nosotros, qué queremos y necesitamos nosotros de ella y sobre todo cómo actuar en respuesta a ambos requerimientos.
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