Dolor. Tal vez el sentimiento menos querido por todos. ¿Por qué? Bueno, tal vez deberíamos sopesarlo con otros sentimientos fuertes, para dimensionar el tamaño de aquél (Espero que mis limitados conocimientos en el área no impidan el fluir de lo veraz en lo que quiero expresar):- Por ejemplo el odio, el peor de todos. El odio nos llena de todo lo que nos vacía. Pero de alguna manera, como es algo que nos mueve (mal, pero nos mueve), nos mantiene estúpidamente entretenidos.
- Vamos con otro fuerte, la impotencia. En realidad este sentimiento es una mezcla de los dos anteriores. Pero de alguna manera el uno impide que el otro se genere en "estado puro".- He aquí también uno de los sentimientos con más bajeza que existe: la envidia. Éste tampoco es puro en sí, pues es mezcla de deseo y odio. Pero provoca quererlo por el deseo y no quererlo por el odio.
- El nerviosismo. Este sentimiento hace difícil su descripción, pues es probablemente generado por una abrumadora cantidad de otros. Lo que sí podemos vislumbrar, es que seguramente hay sentimientos encontrados aquí, lo que implica que hay sentimientos que sí deseamos tener.
- El aburrimiento. Si bien éste parece ser inocente, tener una vida aburrida conlleva a un incómodo estado de estancamiento. Afortunadamente, es un sentimiento fácilmente contrarrestable, si se tiene en cuenta que una simple actividad o actitud diferente ante la misma actividad nos saca de ese estado.
- La impaciencia. ¿Quién se salva de ésta? Siempre me pregunté quién fue el insensato que bautizó "paciente" a la persona que está en la sala de espera de los consultorios. El tema es que, irónicamente, el acto que se anhela concretar destruye este sentimiento, situación que está totalmente ligada al tiempo. Y claro, se puede apaciguar, pero no eliminar si tenemos en mente constantemente aquello que anhelamos.
Y así la lista puede seguir. Pero quería dejar en claro que el dolor "compite" con otros pesos pesados a la hora de comparar a cuál realmente queremos menos.
Prescindiendo de diccionarios, podría expresar que el dolor es causado (como otros sentimientos), por un anhelo insatisfecho de la persona, o bien por una situación que temporalmente la desborda. Generalmente provoca en la misma una sensación de vacío, en el primer caso, u opresión en el segundo. En cualquiera de los casos, provoca en el alma una especie de estado de abandono. La perpetuación temporal del sentimiento va quitando progresivamente la energía espiritual de la persona, sumiéndola muchas veces en un círculo vicioso, pues se pierden fuerzas para contrarrestar este sentimiento de dolor.
Además, no existe razón alguna aparente que, a buen juicio de una persona, implique tener un mínimo deseo de poseer este sentimiento en su pura esencia. Es posible que, sin embargo, como mencioné en un post anterior, podamos sacar mucho de ese momento en el que nuestros sentimientos están "a carne viva". Tal vez una de las pocas razones en la que podemos justificar su existencia, si escapamos del ámbito espiritual, en el que podemos afirmar que el dolor hace que verdaderamente nos sintamos seres humanos. Más aún, si el dolor es por otros, en cierto sentido la situación podría decirse que "mejora", pues estamos combinándolo con el más perfecto y hermoso de los sentimientos: el amor.
Volviendo al tema de las energías, es claro que debemos buscar en ellas la salida al problema. Algunos podrán decir: "bueno, te faltó aclarar que otra alternativa es que se solucione el problema". Es verdad, tienen razón, pero... ¿Y mientras? ¿Y si la solución que buscamos nunca llega? ¿Qué hacemos? ¿Nos abandonamos en ese dolor? No parece ser una actitud muy optimista, ni libre, pues estaremos íntimamente atados a la solución planteada del problema para desligarnos de ese dolor.
Entonces tenemos que recurrir, con las pocas (pero no nulas) fuerzas que tenemos en ese momento, para, como cotidianamente se dice, buscarle "la vuelta" al asunto. Claro que para ello debemos desligarnos de un sentimiento: la resignación. Y aquí nos embarcamos hacia nuevos puntos de vista, lo desconocido, pero esperanzador a la vez. Como cristiano debo decir que en esta búsqueda, Dios siempre nos da respuestas. Y a veces entendemos que la solución al problema no era la planteada, sino aquélla que nos dio Dios tras haber emprendido la búsqueda.
Y eso nos libera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario